Houston, tenemos un problema: ¡demasiadas reuniones!



Sigamos hablando de salud mental, ¿qué tal estamos con la reunionitis? ¿Qué pasa con este impulso de tener que hacerlo todo reunión de por medio? ¿Para qué nos reunimos?

Antes de la pandemia, nos reuníamos en charlas interminables sobre temas que podíamos sintetizar en un mail. Cuando empezó la pandemia, muchas organizaciones apelaban a las reuniones para tener cierto “control” de lo que estaban haciendo sus colaboradores/as, aunque las reuniones en algunos casos se tornaron más ágiles con la virtualidad. Ahora, parece que volvimos a la reunión porque sí, para vernos, para no extrañarnos. Esta ansiedad de querer estar aunque sea pantalla de por medio, a cualquier hora, o de estar con el otrx para “aprovechar” la presencialidad.

Lo cierto es que el exceso de reuniones y la improductividad de las malas reuniones (no planificadas y mal coordinadas) es un síntoma organizacional. Síntoma de ineficiencia en distintos procesos que podrían evitar esta pérdida de tiempo. Las reuniones son necesarias, estamos de acuerdo, porque a través de ella se generan conversaciones de coordinación de acciones, por ejemplo. Sin embargo, su abuso genera problemas.

Peter Drucker decía que “una empresa con demasiadas reuniones es una empresa enferma”. Lo malo además es que este exceso afecta directamente la salud mental de las personas, y puede provocar estrés laboral entre otros riesgos psicosociales.

Una investigación reciente en 76 empresas publicada en Harvard Business Review indica que la productividad de los empleados subió 71% cuando se redujeron las reuniones en 40%. Eliminar el 60% de las reuniones aumentó la cooperación en un 55%. Las personas empezaron a conectar a través de herramientas como Slack o Teams. Al hacerlo, el riesgo de estrés disminuyó en un 57%, lo que mejoró su bienestar general. Además, las personas se sintieron valoradas, confiables y más comprometidas (44 %), y posteriormente trabajaron más duro para su empresa. La comunicación fue un 65% más clara y sustancialmente más efectiva.

Entonces, ¿para qué deberíamos reunirnos?

  • Para revisar el trabajo que se hizo (qué funcionó o no y hacer ajustes)

  • Para validar algo (un documento, objetivos, etc)

  • Para distribuir roles y funciones específicas de una tarea.

Para todo lo demás, existe el mail, y un sinfín de aplicaciones colaborativas que agilizan la tarea diaria y evitan el tecnoestrés, el burnout y otros males muy actuales.


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