Claves para entrenar la escucha activa


Por Sole Ytuarte


En este mundo hiperconectado, en el que la virtualidad invade la vida cotidiana, la escucha activa sigue siendo una habilidad clave. Entrenar la forma en que escuchamos, para poder comunicarnos mejor, hoy es más necesario que nunca, y es una de las competencias que les serán altamente demandadas a los líderes digitales. La escucha hacia una persona y hacia un grupo determina la calidad de las conversaciones, de los vínculos, e impacta directamente en, por ejemplo, los proyectos compartidos.


Es clave porque a partir de la escucha podemos relacionarnos mejor, generar una apertura, conocer más y mejor a las personas con las que interactuamos, lograr mejores resultados a nivel organizacional, construir liderazgo, etc. Y es activa, porque al contrario de lo que muchos creen, escuchar requiere de ejecutar algunas acciones. Escuchar no es solamente oír. Escuchar consiste en oír pero también en percibir con todos los sentidos y además interpretar. Cuando alguien nos habla, estamos oyendo los sonidos, percibiendo, porque observamos lo que el otro hace y siente mientras habla, sus gestos, sus emociones, su respiración, su postura, su tono de voz, etc. (comunicación no verbal) e interpretando lo que nos quiere decir, sus inquietudes, lo que NO dice, sus creencias, sus juicios, etc.


En un taller, le pregunté a un grupo de personas qué tenía que pasar para que se sintieran escuchadas. Las respuestas, entre otras, coincidieron en remarcar que la otra persona tenía que mirarlas. Algo tan simple que puede ser escaso, en una época en la que estamos conectadas más que nunca a lo virtual y esta virtualidad a veces promueve mirarnos a nosotras mismas o no mirar.


Dentro de las posibilidades que nos ofrecen las reuniones virtuales, y en nuestra vida cotidiana con nuestra familia, hay ciertos hábitos que podes practicar para adquirir habilidades de escucha, y mejorar tus conversaciones, tus interacciones, y tus vínculos.


1- La escucha activa requiere de un esfuerzo, y el primero es que estés presente, y para eso tenes que lograr consciencia plena para prestar real atención a la otra persona.


2- Para escuchar activamente es necesario despojarnos de prejuicios, y preconceptos, sobre la otra persona, sobre la conversación, sobre lo que dice, o sobre por qué y para qué lo dice. Hay algo que te va a servir sobre todo en conversaciones difíciles y es saber que no tenes toda la información. Tenes solo lo que crees saber, que es parcial, es sólo un punto de vista, o una creencia, y es tuya. Siempre va a haber una parte que desconoces, y es lo que viene a aportar la otra persona a la conversación. Por eso es tan importante la apertura para escuchar.


3 Mirar a los ojos y mirar con el cuerpo es clave cuando estamos entablando una conversación con alguien. Asegurar que no haya distracciones, no chequear el celular, no mirar a otro lado, no aparentar estar pendiente de otra cosa que no sea la conversación. La actitud corporal también es importante, y puede denotar interés o desinterés. Por ejemplo, inclinarse hacia atrás y desplomarse en la silla, o bostezar, no son precisamente formas de manifestar que nos interesa lo que estamos escuchando.


4- Repreguntar: a mi me gusta que la otra persona quiera saber más sobre algo que dije. La repregunta es una herramienta útil, que permite continuar una conversación, alentar a nuestro interlocutor o interlocutora a que profundice sobre un tema determinado, etc.


5- Chequear y verificar la escucha: existe una brecha entre lo que A quiere decir, lo que A dice, lo que B oye y lo que B finalmente interpreta. ¿Por qué? Porque somos todas personas distintas, y les asignamos significados muy diferentes a las palabras. Entonces, esa brecha puede achicarse si preguntamos, por ejemplo: “¿A qué te referís con esa palabra? ¿Qué quisiste decir con esa frase? Eso ayuda y mejora nuestra interpretación de lo que la otra persona quiso decir y por lo tanto, optimiza la comunicación. Y mucho más, en este contexto en el que la conectividad muchas veces atenta contra una conversación que queremos transcurra orgánicamente.


6- Parafrasear: repetir una palabra o frase utilizada por quien nos habla, es una señal de que estamos escuchando y nos es útil a los efectos de recordarlo. Es más fácil retenerlo, cuando lo decimos en voz alta.


7- Intervenir, no interrumpir: saber intervenir en la conversación en lugar de interrumpir puede ser todo un arte. El secreto está en pensar en quien nos habla, empatizar, y dejar de pensar en lo que vamos a decir nosotras, para, en cambio, abrirnos a la escucha. Te recomiendo abrazar los silencios. El silencio es más rico de lo que imaginas y a veces nos da más información que las palabras dichas.


Todas estas recomendaciones se pueden adaptar a las interacciones propias de estos tiempos, reuniones virtuales, videollamadas, etc. El aprendizaje ocurre cuando logramos apertura y escucha activa. Si entrenamos esta habilidad, podremos interactuar mejor con las demás personas y abrirnos a nuevas posibilidades.



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